Frente al viento pensó en ella, frente al viento respiró las palabras que salían de sus dedos, de su amor... Frente al viento la vio.
La poesía se enredaba en su pelo, hecho de versos, hecho de música. La luna dormía en su sonrisa, y el mar de su piel se perdía en la magia de cada parpadeo.
Era libertad encerrada en un reloj sin pilas. Era un sueño guardado en una caja de música, en la que una bailarina da vueltas y vueltas sin parar, incluso cuando le cierran el cielo sobre sí. Era una sirena en las cascadas de mis pensamientos y un hada en las ondas del mar. La magia en un tarro de arena negra, y la verdad en las páginas de una libreta azul.
El amor y el sentimiento en una lágrima cuando amaba hasta morir. La vida y la muerte en cada paso del ritmo, las vueltas en cada acorde de aquella vieja canción, el baile en la brisa...
Era arena. Arena, arena dorada y libre.
"Soy de ese tipo de personas que no entienden muy bien las cosas hasta que las ponen por escrito"
miércoles, 5 de diciembre de 2012
lunes, 5 de noviembre de 2012
Redacción
Algún día diré todo lo que realmente pienso, algún día escribiré todos los versos que llevo tatuados en el corazón y lloraré todas las lágrimas que siento. Algún día me escucharéis gritar todas las injusticias que se me atragantan y aprovechar todos y cada uno de los segundos de un minuto. Algún día me veréis realizar todos y cada uno de mis sueños y podréis escucharme cantarle a la vida y a sus mil maravillas...
Al mundo, a la naturaleza...
¿Cómo algo tan increíble puede ser real? ¿De verdad pensáis todavía que hay ilusiones imposibles?
Pues daros cuenta de que no podéis coger ni ver el viento, pero podéis sentirlo y sabéis cuando está ahí. Fijaos bien en todo lo que os rodea, pensad y preguntad... ¿Cómo es posible? ¿Cómo son posibles el mar, el aire, la música y la poesía? ¿Y las mariposas? ¿Y la arena?
Hacedlo algún día y algún día lo haré yo también. Lo haré todo. Y algún día os lo contaré, y cuando lo haga, veréis quién soy realmente, y lo veré yo también. Y me haré, poco a poco. Y poco a poco, algún día, después de haber hecho todo lo que siento, me daré cuenta de que nunca nadie llega a ser uno mismo completamente.
¡Que pena que existan las cadenas! Que pena que a veces tengamos que mordernos la lengua, que a veces tengamos que contenernos para no hacer daño... Y eso, al final, será quienes somos, nos lo enseñará, porque dado que nunca somos libres del todo, lo que hagamos frente a ello, las decisiones que tomemos y nuestros actos también nos harán a nosotros.
Y por fin, después de todo, seremos quienes somos.
Al mundo, a la naturaleza...
¿Cómo algo tan increíble puede ser real? ¿De verdad pensáis todavía que hay ilusiones imposibles?
Pues daros cuenta de que no podéis coger ni ver el viento, pero podéis sentirlo y sabéis cuando está ahí. Fijaos bien en todo lo que os rodea, pensad y preguntad... ¿Cómo es posible? ¿Cómo son posibles el mar, el aire, la música y la poesía? ¿Y las mariposas? ¿Y la arena?
Hacedlo algún día y algún día lo haré yo también. Lo haré todo. Y algún día os lo contaré, y cuando lo haga, veréis quién soy realmente, y lo veré yo también. Y me haré, poco a poco. Y poco a poco, algún día, después de haber hecho todo lo que siento, me daré cuenta de que nunca nadie llega a ser uno mismo completamente.
¡Que pena que existan las cadenas! Que pena que a veces tengamos que mordernos la lengua, que a veces tengamos que contenernos para no hacer daño... Y eso, al final, será quienes somos, nos lo enseñará, porque dado que nunca somos libres del todo, lo que hagamos frente a ello, las decisiones que tomemos y nuestros actos también nos harán a nosotros.
Y por fin, después de todo, seremos quienes somos.
viernes, 2 de noviembre de 2012
Eleanor Rigby
Era un día gris, y allí estaba yo, en mi sitio favorito: La biblioteca.
Sentada en mi mesa de siempre, entre dos estanterías, poesía, teatro y biografías...
En mi sitio de siempre, a la derecha, frente a la ventana.
Era otoño, fuera llovía y el cielo estaba cubierto completamente por unas nubes que auguraban lluvia. El viento movía los colores otoñales que llevaban puestos los árboles, y se llevaba las hojas a algún lugar desconocido, más allá del tiempo...
Y ese día, olía a café. Sí, la biblioteca olía a café molido, recién hecho, a mañana... a despertar.
Café, libros y otoño... y yo, en el paraíso.
Entonces, mientras me perdía en algún lugar, una chica se sentó delante de mí. Era... era rubia, rubia arena... y tenía unos ojos enormes, y rojos, como si hubiera acabado de llorar...
Me sentí rara, la soledad y el desorden se le reflejaban en la piel, la inseguridad, la tristeza... y sin embargo, estaba tranquila, como si ya lo hubiese aceptado, como si se hubiese resignado a vivir entre las sombras incluso estando expuesta a la luz, a pasar desapercibida, incluso estando delante de tus ojos.
Empezó a sacar un montón de hojas, sin orden, y me fijé en su letra. No era más que un garabato impreciso, una raya efímera de nada, el nerviosismo escrito y mostrado, el caos de la soledad... También sacaba todo el rato un pañuelo del bolsillo, y respiraba como si a cada segundo algo la estuviese asfixiando por dentro, como si se hubiese quedado atrapada entre el aire y el viento.
Hubo un momento en el que me miró, y ambas sonreímos, y me fije en sus ojos. Azules oscuro, los más increíbles que había visto desde... y me recordaron a los de cierta niña que conocí hace tiempo... quizás fuese la misma, tenía que ser ella... que ya había crecido y que ya había abandonado...
No dijimos nada, cada una siguió a lo suyo, pero en un instante, en un simple reflejo, vi en sus ojos un "No soy lo que todos pensáis".
Entonces, se me vino a la cabeza la letra una canción... Eleanor Rigby, de los Beatles.
Concretamente, unos versos...
"All the lonely people... where do they all come from? All the lonely people... where do they all belong?"
¿De donde viene? ¿A donde pertenece? Quizás Paul McCartney también la hubiese conocido.
Se sacó las gafas, dobló el paño, y guardó todo en su carpeta con extremo cuidado, despacio... como si todo fuese de cristal, como si fuese a romperse, como su alma. Como su sonrisa, y su piel de porcelana... estaban desgastadas, abandonadas... muertas.
Como ella.
Sentada en mi mesa de siempre, entre dos estanterías, poesía, teatro y biografías...
En mi sitio de siempre, a la derecha, frente a la ventana.
Era otoño, fuera llovía y el cielo estaba cubierto completamente por unas nubes que auguraban lluvia. El viento movía los colores otoñales que llevaban puestos los árboles, y se llevaba las hojas a algún lugar desconocido, más allá del tiempo...
Y ese día, olía a café. Sí, la biblioteca olía a café molido, recién hecho, a mañana... a despertar.
Café, libros y otoño... y yo, en el paraíso.
Entonces, mientras me perdía en algún lugar, una chica se sentó delante de mí. Era... era rubia, rubia arena... y tenía unos ojos enormes, y rojos, como si hubiera acabado de llorar...
Me sentí rara, la soledad y el desorden se le reflejaban en la piel, la inseguridad, la tristeza... y sin embargo, estaba tranquila, como si ya lo hubiese aceptado, como si se hubiese resignado a vivir entre las sombras incluso estando expuesta a la luz, a pasar desapercibida, incluso estando delante de tus ojos.
Empezó a sacar un montón de hojas, sin orden, y me fijé en su letra. No era más que un garabato impreciso, una raya efímera de nada, el nerviosismo escrito y mostrado, el caos de la soledad... También sacaba todo el rato un pañuelo del bolsillo, y respiraba como si a cada segundo algo la estuviese asfixiando por dentro, como si se hubiese quedado atrapada entre el aire y el viento.
Hubo un momento en el que me miró, y ambas sonreímos, y me fije en sus ojos. Azules oscuro, los más increíbles que había visto desde... y me recordaron a los de cierta niña que conocí hace tiempo... quizás fuese la misma, tenía que ser ella... que ya había crecido y que ya había abandonado...
No dijimos nada, cada una siguió a lo suyo, pero en un instante, en un simple reflejo, vi en sus ojos un "No soy lo que todos pensáis".
Entonces, se me vino a la cabeza la letra una canción... Eleanor Rigby, de los Beatles.
Concretamente, unos versos...
"All the lonely people... where do they all come from? All the lonely people... where do they all belong?"
¿De donde viene? ¿A donde pertenece? Quizás Paul McCartney también la hubiese conocido.
Se sacó las gafas, dobló el paño, y guardó todo en su carpeta con extremo cuidado, despacio... como si todo fuese de cristal, como si fuese a romperse, como su alma. Como su sonrisa, y su piel de porcelana... estaban desgastadas, abandonadas... muertas.
Como ella.
jueves, 11 de octubre de 2012
Improvisemos
Los arrebatos de amor nunca son planeados, ni las lágrimas cuando una melodía te abre cada poro de la piel y te eriza el corazón.
No hay premeditación en los sentimientos, no hay proyecto, simplemente, son, y son.
No puedes planear cuando sonreír, ni cuando cierras los ojos mientras vuelas y sientes el viento en la cara, ni cuando ponerte colorado, ni cuando vas a mover el pie al ritmo de una canción que te enamora, ni cuando vas a echar a correr de felicidad, mientras cantas y das vueltas al son de la arena.
No podemos trazar la dirección de una caricia, ni el sentido de un beso. No podemos encarcelar lágrimas incontenibles, ni prevenir despedidas. Ni encuentros...
Y si al final lo trascendente, lo vital, son las cosas que no podemos programar, ¿por qué nos empeñamos en medirlo todo? La vida no es más que un suspiro y al desenlace de este poema amargo, de esta historia que todos somos y que caerá en el olvido, solo quedan nuestros propios recuerdos.
Después de tantos planes, de tanta organización... de tantas cadenas.
Después de todo, nada.
¿Y no sería mejor simplemente... vivir?
No hay premeditación en los sentimientos, no hay proyecto, simplemente, son, y son.
No puedes planear cuando sonreír, ni cuando cierras los ojos mientras vuelas y sientes el viento en la cara, ni cuando ponerte colorado, ni cuando vas a mover el pie al ritmo de una canción que te enamora, ni cuando vas a echar a correr de felicidad, mientras cantas y das vueltas al son de la arena.
No podemos trazar la dirección de una caricia, ni el sentido de un beso. No podemos encarcelar lágrimas incontenibles, ni prevenir despedidas. Ni encuentros...
Y si al final lo trascendente, lo vital, son las cosas que no podemos programar, ¿por qué nos empeñamos en medirlo todo? La vida no es más que un suspiro y al desenlace de este poema amargo, de esta historia que todos somos y que caerá en el olvido, solo quedan nuestros propios recuerdos.
Después de tantos planes, de tanta organización... de tantas cadenas.
Después de todo, nada.
¿Y no sería mejor simplemente... vivir?
miércoles, 5 de septiembre de 2012
Tú mismo
Llovía. Las gotas golpeaban la ventana de su cocina y su ruido se acompasaba con el de las agujas del reloj. Formaban una melodía extraña.
El tiempo lloraba y dolía, pero nunca dejaba de pasar. Aunque ahora ya le daba igual.
En realidad, no le estaba prestando atención, simplemente, miraba como aquel cigarro se consumía poco a poco en su mano, y como aquel café se enfriaba en una vieja taza de porcelana, que había sido de su abuela...
Cuando pensó en su abuela notó un nudo en la garganta, sabía que no le gustaría en lo que se había convertido, sabía que la defraudaría, ni siquiera se gustaba a ella misma, de echo, ya no le gustaba nada, no, ya no le prestaba atención a nada...
Simplemente, estaba por estar. Ausente e impasible a todo.
Pero otra vez, ignoró sus pensamientos, ignoró esa sensación de vacío, como ya estaba muy acostumbrada a hacer. Demasiado, quizás ya no hubiese remedio...
Quizás ya no tenía emociones, igual que no tenía metas, igual que no tenía razones para levantarse por la mañana, para quitarse el pijama...
El gato se subió a sus rodillas, ella lo miró y lo acarició por inercia, no eran caricias de cariño, solamente pasaba la mano por su pelaje, como estaba acostumbrada a hacer, porque sí. Solo porque sí. Como todo. Como respirar.
El gato lo sabía, el gato estaba triste, pero no podía hacer nada más que intentar atraer su atención con algún que otro maullido, con algún ronroneo, sin conseguirlo.
Tarde o temprano, también se acabaría contagiando de su apatía.
Entonces, una canción entró desde fuera, conocía demasiado bien esa canción...
Un piano... Hacía ya mucho que no tocaba el piano, estaba allí en el salón, cubierto de polvo, viejo, descuidado, desafinado. Seguramente se le había olvidado. Igual que se le había olvidado escribir. Ya no sabría coger un bolígrafo y llenar páginas y páginas de una libreta, de una de sus libretas de escribir, de esas que ahora yacían en una caja de los recuerdos, en algún rincón olvidado de su armario. Todas sus palabras, todos sus pensamientos, su vida, estaba allí encerrado, junto con sus partituras...
Todo lo que le había importado alguna vez, todo lo que la había hecho sentir, estaba guardado, en un rincón, viejas fotos, diarios, discos, libros... todo.
Recordó como su vida, como ella misma, había desaparecido, como se había ido tras un coche un día gris, y como, desde aquella, simplemente, estaba por estar.
Por un momento, quiso levantarse, romperlo todo, y volver, volver. Gritar y ser.
"¿Quién mueve los hilos para volver a empezar?" -se preguntó. Desgraciadamente sabía de sobras la respuesta, pero esa sensación desapareció tan rápido como vino, no se sentía con ánimos de volver a luchar, estaba cansada, quizás mañana...
Le gustaba mucho mentirse a si misma.
El tiempo lloraba y dolía, pero nunca dejaba de pasar. Aunque ahora ya le daba igual.
En realidad, no le estaba prestando atención, simplemente, miraba como aquel cigarro se consumía poco a poco en su mano, y como aquel café se enfriaba en una vieja taza de porcelana, que había sido de su abuela...
Cuando pensó en su abuela notó un nudo en la garganta, sabía que no le gustaría en lo que se había convertido, sabía que la defraudaría, ni siquiera se gustaba a ella misma, de echo, ya no le gustaba nada, no, ya no le prestaba atención a nada...
Simplemente, estaba por estar. Ausente e impasible a todo.
Pero otra vez, ignoró sus pensamientos, ignoró esa sensación de vacío, como ya estaba muy acostumbrada a hacer. Demasiado, quizás ya no hubiese remedio...
Quizás ya no tenía emociones, igual que no tenía metas, igual que no tenía razones para levantarse por la mañana, para quitarse el pijama...
El gato se subió a sus rodillas, ella lo miró y lo acarició por inercia, no eran caricias de cariño, solamente pasaba la mano por su pelaje, como estaba acostumbrada a hacer, porque sí. Solo porque sí. Como todo. Como respirar.
El gato lo sabía, el gato estaba triste, pero no podía hacer nada más que intentar atraer su atención con algún que otro maullido, con algún ronroneo, sin conseguirlo.
Tarde o temprano, también se acabaría contagiando de su apatía.
Entonces, una canción entró desde fuera, conocía demasiado bien esa canción...
Un piano... Hacía ya mucho que no tocaba el piano, estaba allí en el salón, cubierto de polvo, viejo, descuidado, desafinado. Seguramente se le había olvidado. Igual que se le había olvidado escribir. Ya no sabría coger un bolígrafo y llenar páginas y páginas de una libreta, de una de sus libretas de escribir, de esas que ahora yacían en una caja de los recuerdos, en algún rincón olvidado de su armario. Todas sus palabras, todos sus pensamientos, su vida, estaba allí encerrado, junto con sus partituras...
Todo lo que le había importado alguna vez, todo lo que la había hecho sentir, estaba guardado, en un rincón, viejas fotos, diarios, discos, libros... todo.
Recordó como su vida, como ella misma, había desaparecido, como se había ido tras un coche un día gris, y como, desde aquella, simplemente, estaba por estar.
Por un momento, quiso levantarse, romperlo todo, y volver, volver. Gritar y ser.
"¿Quién mueve los hilos para volver a empezar?" -se preguntó. Desgraciadamente sabía de sobras la respuesta, pero esa sensación desapareció tan rápido como vino, no se sentía con ánimos de volver a luchar, estaba cansada, quizás mañana...
Le gustaba mucho mentirse a si misma.
jueves, 16 de agosto de 2012
Quizás todos estemos equivocados.
Quizás el mejor lugar sea el viento.
Lejos de cielo, mar y tierra. Lejos de todo lo que conocemos, o lo que creemos conocer.
Lejos, simplemente, lejos.
Lejos de cielo, mar y tierra. Lejos de todo lo que conocemos, o lo que creemos conocer.
Lejos, simplemente, lejos.
jueves, 5 de julio de 2012
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