Con el tiempo no distingo mis sueños de la realidad. Tantas campanadas llenas de polvo, tantos días de lluvia... Al final solo queda el viento, y un montón de reflejos en cristales rotos.
Y allí quedan las sonrisas, el primer beso y las promesas en las noches de verano. Allí en destellos, quedan todos los aciertos, el primer invierno que pasamos en París y el día en que les conocí.
En los bordes del cristal se graban los errores, en ese filo de infinitas caídas están las situaciones que nos hicieron crecer de golpe, nuestra esencia, la lucha por ser nosotros mismos... el amor.
Cuando recogemos los trozos de nuestra vida, unimos errores con sonrisas, y formamos un perfecto espejo lleno de rasguños, con alguna grieta y sin algún pequeño trozo... Y ahí nos miramos, y nos damos cuenta que a pesar de las arrugas, tienes los mismos ojos y la misma sonrisa que el día en el que le conociste.
Tu vida se ha basado en dejar bolígrafos y bolígrafos en distintas libretas. En dejarte los dedos y el corazón en las cuerdas de un arpa olvidada en tus pensamientos. Viviste para sentir. Naciste para cambiar el mundo, y quizás te quedaste en un anhelo.
Es curioso que escribas esto con los mismos 17 años que te dan la vida, con miles de deseos todavía por cumplir, con demasiadas cosas que aprender y con mucho mundo que cambiar. Pero es que quizás hoy eres "demasiado vieja como para morir joven" y te das cuenta de que el tiempo no pasa en vano, y que en el fondo, el olvido actúa.
Mañana, por suerte o por desgracia, quizás será otro día, y volverás a tener ganas de ser siempre joven, sin ninguna anestesia y con mucho dolor. Con la vida a flor de piel, sin tapujos, sin debilidades... o con ellas.
Solo hoy te das cuenta de que en ciertas situaciones Peter Pan te abandona... Solo hoy, un buen día de verano, que amaneció con niebla y atardeció con azul.
"Soy de ese tipo de personas que no entienden muy bien las cosas hasta que las ponen por escrito"
miércoles, 3 de julio de 2013
viernes, 26 de abril de 2013
Amantes amentes
¡Que grandes los poetas que supieron retratarte! Amor, dicen que te llamas. ¡Y yo que te ponía otro nombre e incluso una cara! Pues resulta que eres algo llamado sentimiento, ¡y tan destructor como la misma muerte! Ellos te conocían, y resulta que eres algo más que un cuerpo, incluso más que un alma... Eres aquello que la ilumina, ¡eres poesía!, eres vida.
Amor, te llamas.
Sabía que eras completamente libre, que no tenías límites, ni espacio ni tiempo, y en eso sí tenía razón. ¡Enamoraste a los mismísimos poetas!
Bécquer habló de ti, Neruda, Borges, Baudelaire... y ahora te conozco, y por fin entiendo a que se referían.
¡Hablaban de ti! ¡Claro que hablaban de ti! De tu sonrisa, de tus brazos... ¡mira por donde! ¡Ellos lo sabían!
Sabían lo que se siente al perderse en las espirales de tus ojos, al amarte con la fuerza del viento y el perderse entre tus abrazos.
Lo sabían, e intentaron avisarnos. Avisarnos del dolor y de lo horrible que puede llegar a ser, ¡pero todo parece tan precioso en sus poemas! ¡parece que incluso vivir sin ti vale la pena! Que ingenua.
Llegaste y te quise al instante, llegaste y me mataste al segundo.
Amor te llaman y muerte eres. Y la muerte es la vida. ¡Tú lo eres todo!
Amor, te llamas.
Sabía que eras completamente libre, que no tenías límites, ni espacio ni tiempo, y en eso sí tenía razón. ¡Enamoraste a los mismísimos poetas!
Bécquer habló de ti, Neruda, Borges, Baudelaire... y ahora te conozco, y por fin entiendo a que se referían.
¡Hablaban de ti! ¡Claro que hablaban de ti! De tu sonrisa, de tus brazos... ¡mira por donde! ¡Ellos lo sabían!
Sabían lo que se siente al perderse en las espirales de tus ojos, al amarte con la fuerza del viento y el perderse entre tus abrazos.
Lo sabían, e intentaron avisarnos. Avisarnos del dolor y de lo horrible que puede llegar a ser, ¡pero todo parece tan precioso en sus poemas! ¡parece que incluso vivir sin ti vale la pena! Que ingenua.
Llegaste y te quise al instante, llegaste y me mataste al segundo.
Amor te llaman y muerte eres. Y la muerte es la vida. ¡Tú lo eres todo!
domingo, 7 de abril de 2013
"Siempre estaré a tu lado" y otros cristales
Quizás nos vayamos mañana, la muerte es tan impredecible como inevitable... El viento se lleva los secretos de miles de cenizas a cada segundo, melodías de atardeceres que nadie volverá a recordar.
Nos iremos sin haberlo pensando, y tras nuestra sombra dejaremos un suspiro de cosas que nunca dijimos, de recuerdos que aún hoy nos ponen la piel de gallina, pero que el orgullo nunca supo valorar, de arrebatos arrepentidos porque no pensamos que quizás y solo quizás, podríamos morir algún día.
Olvidamos todo, y lo dejamos cubrirse de polvo por unas palabras dichas en un momento inoportuno...
Y ahora, solo nos quedan 30 centímetros de soledades entre nosotros todas las mañanas, echarte de menos las 24 horas del día, temblores de manos en los momentos adecuados, en los que sabemos que solo el otro podría entender esos parpadeos. Deseos reprimidos por situaciones, ganas de decirte algo arrebatadas por el dolor, esquivarnos la mirada y darnos la espalda, rompiendo cada vez más los trozos que quedan de aquel vínculo invisible. Sin salvación. Ya no hay pegamento que valga. El tiempo pasa, y no pasa en vano.
Aunque en el fondo, al final no importe. Como al principio.
Ahora solo queda esa sensación amarga en el estómago, otra vez la sensación de pérdida en lo más profundo de una oscuridad que nunca se va, buscarte entre las sombras para solamente saber que estás ahí, y esconderse, para que jamás sepas que pase lo que pase, yo siempre mataré monstruos por ti.
Sin que te enteres, desde lejos, en susurros, para que esa sonrisa siempre brille.
"Quería dejar de lado todo lo que era la vida, para descubrir, en el momento de la muerte, que no había vivido"
Arriesgar un abrazo da demasiado miedo
Puertas
Una librería, todo en silencio. Solamente se percibía el pasar de las páginas en el aire.
Todo en calma, hasta que de pronto, comenzó a oírse...
Era la banda sonora de un sueño. El grito de un deseo, el cumplimiento de una ilusión. El triunfo de la imaginación sobre todo aquello que se hacía llamar "real". La vida escrita en eternidad. Recuerdos para siempre guardados. Memorias.
Surgía de los libros, nacían notas y brotaban poemas que contaban historias imposibles sobre hadas y duendes. Cantos a la locura, matemáticas y crímenes. Sospechas, castigos, orgullo... y prejuicio.
El viento entró rugiendo por unas ventanas invisibles, y trajo consigo odas a la libertad y a la vida. Ganas de luchar por algo mejor, rugidos de leones, caminos duros.
Repentinamente una leyenda sobre antiguos dioses, se cruzó con un caballero de la tabla redonda y dio la vuelta a aquel globo terráqueo, que estaba sobre una estantería con la etiqueta de "Historia del cine".
Más allá de aquellas cubiertas roídas en el otro extremo de la sala, había millones de aventuras que superaban las barreras de quienes se limitaban a existir, salían miles de explicaciones sobre el comportamiento humano, narraciones de guerra y muerte, versos de angustia, y cartas de suicidio, que eran iguales a las de amor. Y amor... Sentimientos.
Ríos y nubes brotaban de las páginas en las que se grababan mapas, cumbres borrascosas, bosques de algas, acompañados de los más altos árboles. Más de cien mil mundos por estantería.
El mar recorría el techo, un barco pirata entró montado en un fuerte huracán, y al abordaje.
Y fuera, nadie se daba cuenta.
Increíble, en unas hojas grabadas con tinta, estaba el mundo. Estaban allí todos los universos infinitos. Estaban los buenos, los malos, los traidores, los perdonados... Las brujas, los mentirosos, las valientes.
Canciones tristes de momentos intensos, canciones felices de algunos finales.
Libros, libros y libros. Millones de firmamentos y de lugares distintos en una misma habitación, miradas escondidas en prosa, más personajes de los que podamos imaginar, historias... y todas en la misma estantería.
Allí. El infinito estaba allí. Solo había que abrir las cubiertas y empezar a leer...
Todo en calma, hasta que de pronto, comenzó a oírse...
Era la banda sonora de un sueño. El grito de un deseo, el cumplimiento de una ilusión. El triunfo de la imaginación sobre todo aquello que se hacía llamar "real". La vida escrita en eternidad. Recuerdos para siempre guardados. Memorias.
Surgía de los libros, nacían notas y brotaban poemas que contaban historias imposibles sobre hadas y duendes. Cantos a la locura, matemáticas y crímenes. Sospechas, castigos, orgullo... y prejuicio.
El viento entró rugiendo por unas ventanas invisibles, y trajo consigo odas a la libertad y a la vida. Ganas de luchar por algo mejor, rugidos de leones, caminos duros.
Repentinamente una leyenda sobre antiguos dioses, se cruzó con un caballero de la tabla redonda y dio la vuelta a aquel globo terráqueo, que estaba sobre una estantería con la etiqueta de "Historia del cine".
Más allá de aquellas cubiertas roídas en el otro extremo de la sala, había millones de aventuras que superaban las barreras de quienes se limitaban a existir, salían miles de explicaciones sobre el comportamiento humano, narraciones de guerra y muerte, versos de angustia, y cartas de suicidio, que eran iguales a las de amor. Y amor... Sentimientos.
Ríos y nubes brotaban de las páginas en las que se grababan mapas, cumbres borrascosas, bosques de algas, acompañados de los más altos árboles. Más de cien mil mundos por estantería.
El mar recorría el techo, un barco pirata entró montado en un fuerte huracán, y al abordaje.
Y fuera, nadie se daba cuenta.
Increíble, en unas hojas grabadas con tinta, estaba el mundo. Estaban allí todos los universos infinitos. Estaban los buenos, los malos, los traidores, los perdonados... Las brujas, los mentirosos, las valientes.
Canciones tristes de momentos intensos, canciones felices de algunos finales.
Libros, libros y libros. Millones de firmamentos y de lugares distintos en una misma habitación, miradas escondidas en prosa, más personajes de los que podamos imaginar, historias... y todas en la misma estantería.
Allí. El infinito estaba allí. Solo había que abrir las cubiertas y empezar a leer...
jueves, 14 de marzo de 2013
Paint it black
Llovía, y el agua corría hacia las sucias alcantarillas al ritmo de una vieja canción de los Rolling.
No era un día precisamente alegre, pero la batería seguía sonando al compás de las gotas de lluvia y aceleraba el ritmo de la música...
La gente circulaba en distintas direcciones, con distintas preocupaciones y miradas ocultas tras las pestañas. Cuántas historias atesoradas llevarían dentro de su negro pasado, y seguramente, cuantas traiciones y humos desaparecerían en el eterno olvido del polvo.
Cuántas vidas corruptas y rotas que contar habría tras las ventanas de esa gris y abandonada ciudad, cuántas lágrimas reprimidas en diversas almohadas, gemidos y risas habría en esas habitaciones dentro de los edificios. Secretos. Personas. Soledad.
Y yo debería estar estudiando...
No era un día precisamente alegre, pero la batería seguía sonando al compás de las gotas de lluvia y aceleraba el ritmo de la música...
La gente circulaba en distintas direcciones, con distintas preocupaciones y miradas ocultas tras las pestañas. Cuántas historias atesoradas llevarían dentro de su negro pasado, y seguramente, cuantas traiciones y humos desaparecerían en el eterno olvido del polvo.
Cuántas vidas corruptas y rotas que contar habría tras las ventanas de esa gris y abandonada ciudad, cuántas lágrimas reprimidas en diversas almohadas, gemidos y risas habría en esas habitaciones dentro de los edificios. Secretos. Personas. Soledad.
Y yo debería estar estudiando...
viernes, 8 de marzo de 2013
Querido Demian:
Te echo de menos.
A veces, cuando me siento sola en estas tardes de sol y melancolías, te escribo y pienso en que ojalá estuvieras aquí para contarme lo que debería hacer... Aunque, a decir verdad, sé que simplemente me mirarías y te irías caminando bajo aquellos versos olvidados, que siempre son la respuesta a todo.
Supongo que confías demasiado en mí, y en que pueda encontrar la respuesta a todo yo sola, y yo también pensaba que así sería, porque así fue siempre... pero últimamente no estoy tan segura.
Quizás lo mejor sería olvidar, y volver a empezar de nuevo en singular ¿no? Al fin y al cabo, siempre estamos solos, todo el mundo viene y va, y al desenlace, solamente nos tenemos a nosotros mismos. Últimamente he aprendido que hasta la persona más increíble del mundo puede decepcionarte y hacerte caer desde lo más alto, que por mucho que hayas hecho o dicho, los errores siempre se valoran más que los aciertos y que a nosotros, no se nos permite ni un momento de vacilación entre el error y el margen. He aprendido que no hay que confiarle el corazón a nadie, pues el ser humano no es bueno.
Y también he aprendido lo que es el dolor de saber que yo también he decepcionado. Que le he decepcionado.
Sí, hoy tengo uno de esos días en los que he perdido la fe... ¿eso está bien? ¿está bien que después de todo, ahora me rinda? bueno... ¿realmente me estoy rindiendo?
No lo sé, no llevo unas fechas muy buenas... Y cuando la magia descubre sus trucos, el espectáculo acaba y se pierde en un laberinto de realidades dolorosas.
Ahora mismo no sé ni siquiera quién soy, o si realmente soy algo. Después de ti, la única persona en la que nunca creí que podría perder la esperanza se ha ido... ¿y ahora? También he perdido la esperanza en mí.
Sigo esperando que llegues a demostrarme que aún hay gente que vale la pena, que todavía yo valgo la pena, que puedo cambiar... que aún hay ojos en los que se esconden universos, y que quizás él todavía tenga algo que decirme que pueda cambiarlo todo.
Me pregunto donde estarás y que será de ti.
Hay demasiadas cosas que querría contarte, hay demasiadas cosas para las que tendrías que estar aquí... No te imaginas lo que te necesito ahora mismo. Espero que llegues algún día, sé que lo harás. En el fondo nunca te has ido, siempre has estado y estarás.
También sé que le escribo al aire, y que el llevará estas palabras a lo más profundo de tu corazón estés donde estés, y que sabrás que a pesar de todo saldré adelante.
Siempre lo hacemos, ¿verdad?
http://cartasademian.blogspot.com.es/
A veces, cuando me siento sola en estas tardes de sol y melancolías, te escribo y pienso en que ojalá estuvieras aquí para contarme lo que debería hacer... Aunque, a decir verdad, sé que simplemente me mirarías y te irías caminando bajo aquellos versos olvidados, que siempre son la respuesta a todo.
Supongo que confías demasiado en mí, y en que pueda encontrar la respuesta a todo yo sola, y yo también pensaba que así sería, porque así fue siempre... pero últimamente no estoy tan segura.
Quizás lo mejor sería olvidar, y volver a empezar de nuevo en singular ¿no? Al fin y al cabo, siempre estamos solos, todo el mundo viene y va, y al desenlace, solamente nos tenemos a nosotros mismos. Últimamente he aprendido que hasta la persona más increíble del mundo puede decepcionarte y hacerte caer desde lo más alto, que por mucho que hayas hecho o dicho, los errores siempre se valoran más que los aciertos y que a nosotros, no se nos permite ni un momento de vacilación entre el error y el margen. He aprendido que no hay que confiarle el corazón a nadie, pues el ser humano no es bueno.
Y también he aprendido lo que es el dolor de saber que yo también he decepcionado. Que le he decepcionado.
Sí, hoy tengo uno de esos días en los que he perdido la fe... ¿eso está bien? ¿está bien que después de todo, ahora me rinda? bueno... ¿realmente me estoy rindiendo?
No lo sé, no llevo unas fechas muy buenas... Y cuando la magia descubre sus trucos, el espectáculo acaba y se pierde en un laberinto de realidades dolorosas.
Ahora mismo no sé ni siquiera quién soy, o si realmente soy algo. Después de ti, la única persona en la que nunca creí que podría perder la esperanza se ha ido... ¿y ahora? También he perdido la esperanza en mí.
Sigo esperando que llegues a demostrarme que aún hay gente que vale la pena, que todavía yo valgo la pena, que puedo cambiar... que aún hay ojos en los que se esconden universos, y que quizás él todavía tenga algo que decirme que pueda cambiarlo todo.
Me pregunto donde estarás y que será de ti.
Hay demasiadas cosas que querría contarte, hay demasiadas cosas para las que tendrías que estar aquí... No te imaginas lo que te necesito ahora mismo. Espero que llegues algún día, sé que lo harás. En el fondo nunca te has ido, siempre has estado y estarás.
También sé que le escribo al aire, y que el llevará estas palabras a lo más profundo de tu corazón estés donde estés, y que sabrás que a pesar de todo saldré adelante.
Siempre lo hacemos, ¿verdad?
http://cartasademian.blogspot.com.es/
martes, 5 de marzo de 2013
Despertar
Rompimos todas las barreras de cristal en las que nos encerraban nuestros gritos más silenciosos. Rompimos aquel tétrico mundo de porcelana donde reinaba la soledad y un fantasma del pasado... Salimos de allí destruyéndolo todo y convirtiéndolo en un caos de reflejos, hasta que vimos el Sol, y nos quemamos. Olvidamos y ardimos en lo más profundo de una sombra iluminada.
Las heridas hechas por los trozos afilados de nuestros muros transparentes, ahora rotos, y la porcelana de unos ojos inertes, se abrieron y sangraron todas las palabras que llevábamos dentro.
Lloramos. Aquello era peor que nuestra nada opresora, las lágrimas se volvían negras y desgarraban el estómago hasta llegar al corazón... Había demasiada gente. Demasiada. El aire no llegaba, asfixia... asfixia
Demasiado humo no nos dejaba ver, los huesos fallaban en las rocas, seguíamos acostumbrados a la suavidad del silencio. Frágiles, como nuestro antiguo mundo. Inertes.
"¿Qué es peor, el infierno o la nada?"
Ya ni siquiera de eso estamos seguros, el dolor da la vida hasta que te ahogan las lágrimas, ¿y entonces qué?
Suicidio. Suicidio
Allí estábamos de vuelta a un mundo donde no habíamos estado, y al que volvíamos, sabíamos que aquello era la vida, aquel punto de inflexión. ¿Y ahora qué? ¿Vivimos y luchamos o volvemos a morir?
Y de pronto la respuesta se filtró por un rayo de Luna, y vimos en sus ojos indiferencia, como nunca. Dábamos igual, y sí, lo cierto es que preferimos sucumbir. Al menos el silencio y la soledad nunca nos abandonaron, son fieles a nuestros parpadeos y nos abrazan, hasta que no sintamos nada.
Anestesia.
Adiós
Las heridas hechas por los trozos afilados de nuestros muros transparentes, ahora rotos, y la porcelana de unos ojos inertes, se abrieron y sangraron todas las palabras que llevábamos dentro.
Lloramos. Aquello era peor que nuestra nada opresora, las lágrimas se volvían negras y desgarraban el estómago hasta llegar al corazón... Había demasiada gente. Demasiada. El aire no llegaba, asfixia... asfixia
Demasiado humo no nos dejaba ver, los huesos fallaban en las rocas, seguíamos acostumbrados a la suavidad del silencio. Frágiles, como nuestro antiguo mundo. Inertes.
"¿Qué es peor, el infierno o la nada?"
Ya ni siquiera de eso estamos seguros, el dolor da la vida hasta que te ahogan las lágrimas, ¿y entonces qué?
Suicidio. Suicidio
Allí estábamos de vuelta a un mundo donde no habíamos estado, y al que volvíamos, sabíamos que aquello era la vida, aquel punto de inflexión. ¿Y ahora qué? ¿Vivimos y luchamos o volvemos a morir?
Y de pronto la respuesta se filtró por un rayo de Luna, y vimos en sus ojos indiferencia, como nunca. Dábamos igual, y sí, lo cierto es que preferimos sucumbir. Al menos el silencio y la soledad nunca nos abandonaron, son fieles a nuestros parpadeos y nos abrazan, hasta que no sintamos nada.
Anestesia.
Adiós
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