Fue una estación azul. Fue música.
La primera vez que te vi, llevabas puesta una camiseta verde a rayas y la más bonita de las sonrisas. Un guiño.
Una esencia retornaba de tu mano.
De pronto algo cambió, un destello en mis ojos que volvía acompañado de las palabras más dulces dichas por una boca a primera vista.
Un escalofrío recorría las sábanas igual que un blues acariciaba su cuerpo. Una guitarra lejana hizo amanecer, el sol se estiró, perezoso, y cubrió su piel de reflejos dorados que se colaban entre las persianas... Jugó con ellos. Dejó que se escabulleran entre sus manos, los atrapó en vano. Se detuvo, y los observó, como alguien observa un recuerdo que creía haber olvidado.
Se levantó de la cama y olvidó dejar pasar la luz. Puso sus pies desnudos en el suelo, estaba helado...
Caminar descalza siempre había sido uno de sus placeres favoritos, dejarse llevar, despacio, a donde la guiasen sus pies. Pero eso, cuando todavía respiraba la compañía de las pequeñas maravillas de la vida. Ahora, la soledad ya no era dulce.
Ahora, todas las mañanas tenían sabor a café amargo y no iban acompañadas de poesía.
Rebosabas pasión, fuerza, energía.
Por un extraordinario momento no existió el tiempo, tu voz sonó, ahora en la lejanía, y las agujas del reloj se detuvieron dos eternidades antes de volver a avanzar y poner un nuevo capítulo en un libro hacía tiempo vacío.
Y se le dió cuerda al metrónomo, que todavía cambia de tempo según la sinfonía que interpreten tus bailes y mis parpadeos.
Aquel día, cuando te vi por primera vez, no analicé mis propios pensamientos y solo temblé ante tus encantos.
La arena volvió a cerrar los ojos y a respirar el olor a mar. Espirales hicieron de mi cuerpo una peonza y solamente me dejé llevar. Acariciando tu ser invisible en aquella nebulosa que duró un suspiro.
Cuando volví a sentir el tacto del suelo en mis botas, me di cuenta de que ya te había estado buscando, de que ya te había soñado... En mis poesías, mis libros, en las canciones que erizan la piel y las películas inolvidables. En las mejores escenas donde, la banda sonora, crece de repente para convertirse en un impulso, en una explosión que hace suyo el mundo por un instante... Caí en la cuenta. Eras tú.
Y allí, en la penumbra de un bosque de mesas con olor a cerveza, allí, donde la risa asciende al ritmo de los brindis, me enamoré, sin saberlo, de la sonrisa más bonita que recuerdo y de una camiseta verde a rayas.
“…No te enamores de una mujer que lee, de una mujer que siente demasiado, de una mujer que escribe… No te enamores de una mujer culta, maga, delirante, loca. No te enamores de una mujer que piensa, que sabe lo que sabe y además sabe volar; una mujer segura de sí misma. No te enamores de una mujer que se ríe o llora haciendo el amor, que sabe convertir en espíritu su carne; y mucho menos de una que ame la poesía (esas son las más peligrosas), o que se quede media hora contemplando una pintura y no sepa vivir sin la música. No te enamores de una mujer a la que le interese la política y que sea rebelde y sienta un inmenso horror por las injusticias. Una que no le guste para nada ver televisión. Ni de una mujer que es bella sin importar las características de su cara y de su cuerpo. No te enamores de una mujer intensa, lúdica, lúcida e irreverente. No quieras enamorarte de una mujer así. Porque cuando te enamoras de una mujer como esa, se quede ella contigo o no, te ame ella o no, de ella, de una mujer así, JAMAS se regresa…”
lunes, 10 de febrero de 2014
A woman left lonely
Se levantó de la cama y olvidó dejar pasar la luz. Puso sus pies desnudos en el suelo, estaba helado...
Caminar descalza siempre había sido uno de sus placeres favoritos, dejarse llevar, despacio, a donde la guiasen sus pies. Pero eso, cuando todavía respiraba la compañía de las pequeñas maravillas de la vida. Ahora, la soledad ya no era dulce.
Ahora, todas las mañanas tenían sabor a café amargo y no iban acompañadas de poesía.
martes, 29 de octubre de 2013
Just killing time
Hay palabras y palabras, de rabia, de enfado, de euforia, de alegría, de dolor... Pero sin duda las peores son aquellas que nunca se dicen y que hacen falta, palabras que se reflejan en miradas que se lleva el viento.
No se escapó a tiempo del huracán, y lloró todas aquellas estrofas convertidas en polvo que tenía en su corazón. La escarcha de un adiós cubría su piel.
Poesía en las paredes, cuatro esquinas disfrazadas de barrotes, y versos surgiendo de sus pestañas cada vez que se sentaba a ver la lluvia sobre los cristales de sus venas.
Poco tenía ya que decir, el tiempo era una ficción, e intentaba no respirar para no ahogarse entre las nieblas de una nueva despedida. De poco sirven las palabras bonitas si no tienes quien las lea.
En un último rayo de esperanza, pidió a la luna que la convirtiese en mariposa, y allí, entre la primavera más oscura que nadie pueda recordar, lloró hasta ser de mármol.
No se escapó a tiempo del huracán, y lloró todas aquellas estrofas convertidas en polvo que tenía en su corazón. La escarcha de un adiós cubría su piel.
Poesía en las paredes, cuatro esquinas disfrazadas de barrotes, y versos surgiendo de sus pestañas cada vez que se sentaba a ver la lluvia sobre los cristales de sus venas.
Poco tenía ya que decir, el tiempo era una ficción, e intentaba no respirar para no ahogarse entre las nieblas de una nueva despedida. De poco sirven las palabras bonitas si no tienes quien las lea.
En un último rayo de esperanza, pidió a la luna que la convirtiese en mariposa, y allí, entre la primavera más oscura que nadie pueda recordar, lloró hasta ser de mármol.
viernes, 25 de octubre de 2013
Ya no hay obra que representar
Unas cadenas de cristal atan mis pies, pesan a cada paso, duelen a cada latido, lloran a cada parpadeo...
Te fuiste, y en tu marcha dejaste caer una jaula de hielo sobre mí, un muro... y una apariencia. Tu ausencia me encerró y ahora es ella la que me hace compañía. Los instrumentos lloran y la música cae, por una vez en esta historia, se cierra el telón.
No hay una sola noche en la que mis ojos no lloren angustias por ti, un solo acorde que no sienta tu piel, un solo día en el que mis pensamientos no se dejen caer por tu sonrisa... Cada segundo asfixia un poco más que el anterior, impregnados de tu recuerdo. Cada palabra, viento y mirada perdida que llevan mis ojos, te pertenece.
El tiempo sigue avanzando, como una rosa que se marchita bajo la lluvia, sin tiempo a secarse...
El olvido recuerda. La vida es gris.
Cada mañana una careta nueva, sonrisas mecánicas y ensayadas frente a un espejo que solo devuelve ojeras e impasibilidad.
¿Por qué me dejaste aquí?
martes, 20 de agosto de 2013
"Quien nos quiere jamás nos abandona"
Muerte, no seas orgullosa, aunque algunos te llamen
poderosa y terrible, porque no lo eres,
pues aquellos que crees haber aniquilado
no mueren, ¡pobre muerte!, ni a mí puedes matarme.
Del descanso y del sueño, que son sólo tu imagen,
viene placer, y luego de ti más vendrá aún:
los mejores se marchan cuanto antes contigo,
descanso de sus huesos, libertad de sus almas.
Del hado eres esclava, del Azar, reyes y locos,
y habitas en veneno, guerra y enfermedad;
opio y hechizos pueden igual adormecernos,
y aún mejor que tu golpe. ¿Por qué entonces tu orgullo?
Después de un breve sueño despertamos eternos,
Y ya no habrá más muerte: muerte, tú morirás.
TU
Un montón de cartas, de versos, de recuerdos... Todos acumulados en mi interior deseando salir, y no saben como.
Nos sobran las palabras, como nos sobraron siempre... pero ahora que no puedo mirarte a los ojos para que lo sepas todo, me resulta más difícil explicarte lo que ocupa el infinito.
Y por una vez, yo, que escribo mejor de lo que hablo, no sé ni siquiera por donde empezar.
Me gustaría poder escribirte algo que estuviera a tu altura... Pero no puedo. Siempre fuiste demasiado grande en todos los aspectos.
Decías que eras borde... Pero se te escapaba la dulzura por las comisuras de los labios cuando intentabas hacerte el enfadado. Incluso cuando lo estabas de verdad eras guapo. Máscaras de Don Malote que te salían bastante mal porque eras lo más bueno de este universo...
Ahora mismo echo de menos cada sitio y tacto de tu piel. Cada cara en cada contexto, cada tono de voz, parpadeo y abrazo. Verte reír siempre fue un regalo.
Mi pequeño gran friki, siempre tan alto y tan fuerte frente a todas las adversidades. Y en el fondo casi casi tan sensible como yo.
Siempre preocupado por los demás... Por hacer feliz a todo el que te rodease. Soñador como el que más, y no tan pesimista como decías... Arriesgando siempre todo por amor. Ahí estaba la clave. El amor. Eras amor.
Y lo serás siempre. Amor por la música, por tu familia, por tus amigos... Amor incluso por el mundo cuando te proponías cambiarlo, y eso que en teoría lo odiabas. Pero en el fondo de ti había ganas de luchar.
Y lo conseguiste. Conseguiste hacerlo girar en otra dirección, con las lecciones que nos dabas día a día...
Adorábamos discutir, llevarnos la contraria, pero al final, de manera inexplicable, siempre llevabas la razón. ¿Por qué siempre lo sabías todo? Y aunque no fuese así, te lo inventabas, aplicabas tu “improvisación y léxico avanzado” y parecía que todo lo que salía de tu boca era cierto. Ponías esa sonrisa de superioridad y decías, “Já, gané” y a pesar de que todos sabíamos que el cielo no es rosa, al final un día amaneció y tuviste razón. Como de costumbre.
Era una preciosidad verte tocar la guitarra, jugar a tus videojuegos favoritos y escucharte hablar entusiasmado de cosas que yo nunca entendía. Eras listo como nadie y vago como nadie. Lo eras todo. Y lo serás siempre.
Serás como de costumbre mi sonrisa, mis ganas de seguir adelante, de ponerme en pie...
Ahora mismo el mundo me parece vacío, sin viento ni vida... Calles abandonadas se ahogan con tu ausencia... No hay nada más que agujas escondidas en las sombras, clavándose en lo más profundo de nuestros corazones.
Pero saldré adelante por ti, porque te hubiese gustado, y me hubieses pegado y hecho cosquillas si hubiese un mínimo ápice de derrumbe.
Te prometo que yo nunca me rendiré, no lo hagas tú tampoco, y estés donde estés, sonríe como cuando te metías conmigo y yo me hacía la indignada. Como cuando tropezaba, o decía alguna estupidez...
Mi sonrisa renació gracias a ti, y será tuya hasta nuestro infinito Pásalo bien en Nunca Jamás, que también es tuyo. Ya sabes, nunca, es la medida de lo eterno... Y te pedí que nunca te fueras, y sé que no lo harás.
Te quiero, y lo haré hasta el final...
Con toda mi alma, Tomás, con todo mi corazón.
Nos sobran las palabras, como nos sobraron siempre... pero ahora que no puedo mirarte a los ojos para que lo sepas todo, me resulta más difícil explicarte lo que ocupa el infinito.
Y por una vez, yo, que escribo mejor de lo que hablo, no sé ni siquiera por donde empezar.
Me gustaría poder escribirte algo que estuviera a tu altura... Pero no puedo. Siempre fuiste demasiado grande en todos los aspectos.
Decías que eras borde... Pero se te escapaba la dulzura por las comisuras de los labios cuando intentabas hacerte el enfadado. Incluso cuando lo estabas de verdad eras guapo. Máscaras de Don Malote que te salían bastante mal porque eras lo más bueno de este universo...
Ahora mismo echo de menos cada sitio y tacto de tu piel. Cada cara en cada contexto, cada tono de voz, parpadeo y abrazo. Verte reír siempre fue un regalo.
Mi pequeño gran friki, siempre tan alto y tan fuerte frente a todas las adversidades. Y en el fondo casi casi tan sensible como yo.
Siempre preocupado por los demás... Por hacer feliz a todo el que te rodease. Soñador como el que más, y no tan pesimista como decías... Arriesgando siempre todo por amor. Ahí estaba la clave. El amor. Eras amor.
Y lo serás siempre. Amor por la música, por tu familia, por tus amigos... Amor incluso por el mundo cuando te proponías cambiarlo, y eso que en teoría lo odiabas. Pero en el fondo de ti había ganas de luchar.
Y lo conseguiste. Conseguiste hacerlo girar en otra dirección, con las lecciones que nos dabas día a día...
Adorábamos discutir, llevarnos la contraria, pero al final, de manera inexplicable, siempre llevabas la razón. ¿Por qué siempre lo sabías todo? Y aunque no fuese así, te lo inventabas, aplicabas tu “improvisación y léxico avanzado” y parecía que todo lo que salía de tu boca era cierto. Ponías esa sonrisa de superioridad y decías, “Já, gané” y a pesar de que todos sabíamos que el cielo no es rosa, al final un día amaneció y tuviste razón. Como de costumbre.
Era una preciosidad verte tocar la guitarra, jugar a tus videojuegos favoritos y escucharte hablar entusiasmado de cosas que yo nunca entendía. Eras listo como nadie y vago como nadie. Lo eras todo. Y lo serás siempre.
Serás como de costumbre mi sonrisa, mis ganas de seguir adelante, de ponerme en pie...
Ahora mismo el mundo me parece vacío, sin viento ni vida... Calles abandonadas se ahogan con tu ausencia... No hay nada más que agujas escondidas en las sombras, clavándose en lo más profundo de nuestros corazones.
Pero saldré adelante por ti, porque te hubiese gustado, y me hubieses pegado y hecho cosquillas si hubiese un mínimo ápice de derrumbe.
Te prometo que yo nunca me rendiré, no lo hagas tú tampoco, y estés donde estés, sonríe como cuando te metías conmigo y yo me hacía la indignada. Como cuando tropezaba, o decía alguna estupidez...
Mi sonrisa renació gracias a ti, y será tuya hasta nuestro infinito Pásalo bien en Nunca Jamás, que también es tuyo. Ya sabes, nunca, es la medida de lo eterno... Y te pedí que nunca te fueras, y sé que no lo harás.
Te quiero, y lo haré hasta el final...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


