domingo, 27 de enero de 2013

Die young or live forever


Bienvenidos, esta es nuestra vida. La de aquellos que tienen como base la amistad, como impulso los sentimientos y como resistencia el viento. Aquí estamos, todavía demasiado jóvenes e invencibles, nosotros, siempre juntos.
Cuanto cambia la vida en menos de un segundo, cuantas cosas pueden llegar a suceder a nuestro al rededor, después de un beso equivocado, de una mirada que llega tarde, de una palabra que no tenía que haberse pronunciado... Que rápido puede llegar a girar el mundo, y cuantas veces puede cambiar sin previo aviso de dirección, pero... ¿y qué? Si pase lo que pase siempre estaremos, los de verdad. Los de la noche, el día, los lloros, las risas, los de aquella canción de verano y promesa de invierno.
La eternidad no envejece en nuestras vidas, chicos.
Gracias, gracias por crecer conmigo, por empezar conmigo a ser y soñar. A construirnos en este escenario de dementes una historia de fantasía y amor. Gracias por todas y cada una de las diversas cosas que hemos hecho juntos, separados o a la mitad... pero siempre estando ahí.
Aquí estamos después de todo, y hasta el final. Quizás haya quien se quede en el camino, o quien aparezca de repente, pero sabemos quienes han de quedarse, que todas las cosas que hemos vivido no han sido en vano, sabéis que estamos unidos por algo más que aire, y así hasta más allá del horizonte. Hasta otro principio, otro infinito. Donde se ven a escondidas la Luna y el Sol. Allí, donde está el espejo de Alicia, en la segunda estrella a la derecha y todo recto hasta el amanecer, andén 9 y 3/4, donde se cruza por el armario hacia el león, donde navegamos en un mar de libertad.  Allí donde todas las canciones tiene sentimiento unido a unos acordes de nostalgias y melancolías encantadoras, que oprimen el corazón, que te dejan el sabor amargo de las cosas perdidas, el sabor de saber que los mejores recuerdos al final son los que más duelen. Pero eso es significado de que fue, y fue increíble.
Un muro alto y luego el mar. La muerte y la amistad. ¿Os acordáis? Yo sí, fue un día raro.
No, nuestra vida no es fácil, o lo es demasiado y nos gusta complicarnos en laberintos de pensar en exceso sobre cosas con demasiada importancia, o muy poca. Nos encantaría cambiar el mundo, y no me cabe duda de que algún día lo conseguiremos, todos, como siempre.
Valemos millones. En nosotros se esconden cosas que nadie podría adivinar jamás, y que sin embargo, nosotros mismos no necesitamos más que una mirada para saber, para tener la certeza de que ahí hay algo más que no puede verse. Todos llevamos esa espina clavada que nos hace increíbles y mucho más fuertes.
Un universo en esos abrazos que guardan secretos, en los que no hace falta decir nada más.
Amigos. Verdaderos amigos. Y ya está. ¿Lo entendéis? No, porque no tenéis ni idea.

Freedom's just another word for nothing left to lose



 IREMOS AL INFIERNO POR HABER AMADO HASTA EL FINAL.


sábado, 15 de diciembre de 2012

Sin más, acción.

Un sábado vacío, frío, las calles desiertas, y el cielo gris. No había viento.
Sonaba Sabina.
Alguien con botas militares y alma de poeta pisaba los charcos, desvaneciéndose en sus pensamientos, sin darse cuenta de su presencia...
Ella se cruzó con músico perdido y un profesor fracasado. Un mendigo soñador le sonrió desde un portal.
Era un día para aquellos que habían amado y no les habían correspondido, para aquellos que habían caído y no habían sabido levantarse, para aquellos que estaban solos, para los que vivían en la miseria y de los que nadie se acordaba, para los poetas de barrio y las princesas de callejón.
"Los pájaros visitan al psiquiatra, las estrellas se olvidan de salir..."
Era un día de esos en los que la ciudad se vuelve tétrica, real.
Era un día para los olvidados, los tristes, los perdidos... era un día de caminar sin rumbo, un día perderse en lo más oscuro del mundo, para darse cuenta de que hay más gente de la que pensamos, que siente, que ama y que muere. Un día para ver que no somos los únicos que tenemos problemas.
Pero claro, solo es un día... 
Ella volvería a casa, se sentaría en su sofá, encendería la tele, y no vería las noticias para no amargarse... 
El mundo quedaba demasiado lejos.
No volvería a pensar en el mendigo, al que no había devuelto la sonrisa... En ese que estaba en la calle de enfrente y se moría de frío en las noches de invierno... No volvería a pensar en él hasta otro día gris y melancólico, en el que se compadecería de las desgracias ajenas. Diría esa famosa frase, "Que mal va el mundo..." y sin más, sacaría su Iphone nuevo y se quejaría una y otra vez de todo lo malo de su vida, claro, ya no quedaban aquellos tacones de su talla...
También se quejaría del mundo en el que vivimos cuando viese a una familia durmiendo en la calle, pero solo eso, una queja, sin levantarse, sin gritar. Sin hacer nada.
¿Qué más da lo que pase mientras le pase a los demás?
Una pena, sí... pero no su problema. No nuestro problema, solo el de los otros, ¿verdad?


miércoles, 5 de diciembre de 2012

Arena

Frente al viento pensó en ella, frente al viento respiró las palabras que salían de sus dedos, de su amor... Frente al viento la vio.
La poesía se enredaba en su pelo, hecho de versos, hecho de música. La luna dormía en su sonrisa, y el mar de su piel se perdía en la magia de cada parpadeo.
Era libertad encerrada en un reloj sin pilas. Era un sueño guardado en una caja de música, en la que una bailarina da vueltas y vueltas sin parar, incluso cuando le cierran el cielo sobre sí. Era una sirena en las cascadas de mis pensamientos y un hada en las ondas del mar. La magia en un tarro de arena negra, y la verdad en las páginas de una libreta azul.
El amor y el sentimiento en una lágrima cuando amaba hasta morir. La vida y la muerte en cada paso del ritmo, las vueltas en cada acorde de aquella vieja canción, el baile en la brisa...
Era arena. Arena, arena dorada y libre.


lunes, 5 de noviembre de 2012

Redacción

Algún día diré todo lo que realmente pienso, algún día escribiré todos los versos que llevo tatuados en el corazón y lloraré todas las lágrimas que siento. Algún día me escucharéis gritar todas las injusticias que se me atragantan y aprovechar todos y cada uno de los segundos de un minuto. Algún día me veréis realizar todos y cada uno de mis sueños y podréis escucharme cantarle a la vida y a sus mil maravillas...
Al mundo, a la naturaleza...
¿Cómo algo tan increíble puede ser real? ¿De verdad pensáis todavía que hay ilusiones imposibles?
Pues daros cuenta de que no podéis coger ni ver el viento, pero podéis sentirlo y sabéis cuando está ahí. Fijaos bien en todo lo que os rodea, pensad y preguntad... ¿Cómo es posible? ¿Cómo son posibles el mar, el aire, la música y la poesía? ¿Y las mariposas? ¿Y la arena?
Hacedlo algún día y algún día lo haré yo también. Lo haré todo. Y algún día os lo contaré, y cuando lo haga, veréis quién soy realmente, y lo veré yo también. Y me haré, poco a poco. Y poco a poco, algún día, después de haber hecho todo lo que siento, me daré cuenta de que nunca nadie llega  a ser uno mismo completamente.
¡Que pena que existan las cadenas! Que pena que a veces tengamos que mordernos la lengua, que a veces tengamos que contenernos para no hacer daño... Y eso, al final, será quienes somos, nos lo enseñará, porque dado que nunca somos libres del todo, lo que hagamos frente a ello, las decisiones que tomemos y nuestros actos también nos harán a nosotros.
Y por fin, después de todo, seremos quienes somos.

viernes, 2 de noviembre de 2012

Eleanor Rigby

Era un día gris, y allí estaba yo, en mi sitio favorito: La biblioteca.
Sentada en mi mesa de siempre, entre dos estanterías, poesía, teatro y biografías...
En mi sitio de siempre, a la derecha, frente a la ventana.
Era otoño, fuera llovía y el cielo estaba cubierto completamente por unas nubes que auguraban lluvia. El viento movía los colores otoñales que llevaban puestos los árboles, y se llevaba las hojas a algún lugar desconocido, más allá del tiempo...
Y ese día, olía a café. Sí, la biblioteca olía a café molido, recién hecho, a mañana... a despertar.
Café, libros y otoño... y yo, en el paraíso.
Entonces, mientras me perdía en algún lugar, una chica se sentó delante de mí. Era... era rubia, rubia arena... y tenía unos ojos enormes, y rojos, como si hubiera acabado de llorar...
Me sentí rara, la soledad y el desorden se le reflejaban en la piel, la inseguridad, la tristeza... y sin embargo, estaba tranquila, como si ya lo hubiese aceptado, como si se hubiese resignado a vivir entre las sombras incluso estando expuesta a la luz, a pasar desapercibida, incluso estando delante de tus ojos.
Empezó a sacar un montón de hojas, sin orden, y me fijé en su letra. No era más que un garabato impreciso, una raya efímera de nada, el nerviosismo escrito y mostrado, el caos de la soledad... También sacaba todo el rato un pañuelo del bolsillo, y respiraba como si a cada segundo algo la estuviese asfixiando por dentro, como si se hubiese quedado atrapada entre el aire y el viento.
Hubo un momento en el que me miró, y ambas sonreímos, y me fije en sus ojos. Azules oscuro, los más increíbles que había visto desde... y me recordaron a los de cierta niña que conocí hace tiempo... quizás fuese la misma, tenía que ser ella... que ya había crecido y que ya había abandonado...
No dijimos nada, cada una siguió a lo suyo, pero en un instante, en un simple reflejo, vi en sus ojos un "No soy lo que todos pensáis".
Entonces, se me vino a la cabeza la letra una canción... Eleanor Rigby, de los Beatles. 
Concretamente, unos versos...
"All the lonely people... where do they all come from? All the lonely people... where do they all belong?"
¿De donde viene? ¿A donde pertenece? Quizás Paul McCartney también la hubiese conocido.
Se sacó las gafas, dobló el paño, y guardó todo en su carpeta con extremo cuidado, despacio... como si todo fuese de cristal, como si fuese a romperse, como su alma. Como su sonrisa, y su piel de porcelana... estaban desgastadas, abandonadas... muertas.
Como ella.

jueves, 11 de octubre de 2012

Improvisemos

Los arrebatos de amor nunca son planeados, ni las lágrimas cuando una melodía te abre cada poro de la piel y te eriza el corazón.
No hay premeditación en los sentimientos, no hay proyecto, simplemente, son, y son.
No puedes planear cuando sonreír, ni cuando cierras los ojos mientras vuelas y sientes el viento en la cara, ni cuando ponerte colorado, ni cuando vas a mover el pie al ritmo de una canción que te enamora, ni cuando vas a echar a correr de felicidad, mientras cantas y das vueltas al son de la arena.
No podemos trazar la dirección de una caricia, ni el sentido de un beso. No podemos encarcelar lágrimas incontenibles, ni prevenir despedidas. Ni encuentros...
Y si al final lo trascendente, lo vital, son las cosas que no podemos programar, ¿por qué nos empeñamos en medirlo todo? La vida no es más que un suspiro y al desenlace de este poema amargo, de esta historia que todos somos y que caerá en el olvido, solo quedan nuestros propios recuerdos.
Después de tantos planes, de tanta organización... de tantas cadenas.
Después de todo, nada.
¿Y no sería mejor simplemente... vivir?


miércoles, 5 de septiembre de 2012

Tú mismo

Llovía. Las gotas golpeaban la ventana de su cocina y su ruido se acompasaba con el de las agujas del reloj. Formaban una melodía extraña.
El tiempo lloraba y dolía, pero nunca dejaba de pasar. Aunque ahora ya le daba igual.
En realidad, no le estaba prestando atención, simplemente, miraba como aquel cigarro se consumía poco a poco en su mano, y como aquel café se enfriaba en una vieja taza de porcelana, que había sido de su abuela...
Cuando pensó en su abuela notó un nudo en la garganta, sabía que no le gustaría en lo que se había convertido, sabía que la defraudaría, ni siquiera se gustaba a ella misma, de echo, ya no le gustaba nada, no, ya no le prestaba atención a nada...
Simplemente, estaba por estar. Ausente e impasible a todo.
Pero otra vez, ignoró sus pensamientos, ignoró esa sensación de vacío, como ya estaba muy acostumbrada a hacer. Demasiado, quizás ya no hubiese remedio...
Quizás ya no tenía emociones, igual que no tenía metas, igual que no tenía razones para levantarse por la mañana, para quitarse el pijama...
El gato se subió a sus rodillas, ella lo miró y lo acarició por inercia, no eran caricias de cariño, solamente pasaba la mano por su pelaje, como estaba acostumbrada a hacer, porque sí. Solo porque sí. Como todo. Como respirar.
El gato lo sabía, el gato estaba triste, pero no podía hacer nada más que intentar atraer su atención con algún que otro maullido, con algún ronroneo, sin conseguirlo.
Tarde o temprano, también se acabaría contagiando de su apatía.
Entonces, una canción entró desde fuera, conocía demasiado bien esa canción...
Un piano... Hacía ya mucho que no tocaba el piano, estaba allí en el salón, cubierto de polvo, viejo, descuidado, desafinado. Seguramente se le había olvidado. Igual que se le había olvidado escribir. Ya no sabría coger un bolígrafo y llenar páginas y páginas de una libreta, de una de sus libretas de escribir, de esas que ahora yacían en una caja de los recuerdos, en algún rincón olvidado de su armario. Todas sus palabras, todos sus pensamientos, su vida, estaba allí encerrado, junto con sus partituras...
Todo lo que le había importado alguna vez, todo lo que la había hecho sentir, estaba guardado, en un rincón, viejas fotos, diarios, discos, libros... todo.
Recordó como su vida, como ella misma, había desaparecido, como se había ido tras un coche un día gris, y como, desde aquella, simplemente, estaba por estar.
Por un momento, quiso levantarse, romperlo todo, y volver, volver. Gritar y ser.
"¿Quién mueve los hilos para volver a empezar?" -se preguntó. Desgraciadamente sabía de sobras la respuesta, pero esa sensación desapareció tan rápido como vino, no se sentía con ánimos de volver a luchar, estaba cansada, quizás mañana...
Le gustaba mucho mentirse a si misma.